solitario incurable

mientras contemplo a los viejos con sus teléfonos en la barra, el partido de fútbol en la pantalla, los saleros perfectamente ordenados alrededor de la sal que no contiene tanto sodio en un plato levemente playo, el olor a cerveza un tanto nauseabundo proviniendo del dispositivo tirador, más comúnmente conocido como chopera, mezclado con transpiración o plástico, la moza de la barra o bar tender tira un chop tras otro, la observo con curiosidad pero sin alterar demasiado su aura para que no se sienta invadida por mi pensamiento inminente aunque menos obvio que de costumbre, de que es muy linda y que ojalá quiera ser mi novia o algo parecido a eso; compré unos bigotes postizos antes en el cotillón, que tienen nombres como smarty, rogue, casanova and so on, los compré para ocultarme frente al público en una lectura de poesía que tengo el domingo, organizada por mí misma, en gran parte para homenajear que mati esté aquí, en realidad fue su ocurrencia y yo la llevé a cabo a través de algunos mensajes enviados por internet durante el fin de semana pasado a que se me revelara la idea, el pensamiento de que mi ociosidad y mi habilidad no me habían llevado a ningún lado, al igual que hace unos minutos en análisis cuando rafael me dijo: confirmame si esto que estás diciendo, tengo la sensación, no va para ningún lado, en efecto, confirmo le dije y se acabó la sesión y me informó que pensara cuánto le iba a pagar a partir de abril porque él estaba cobrando alrededor de cierta cifra que es mucho para mí, lo que me lleva a deducir que cada vez que yo me ordeno no tengo nada que decir en análisis y me siento curada, lo que es igual a despreocupada y sin miedo y, a diferencia de otras veces, hasta tengo pensado o sabido qué hacer si comienzo a plantearme escenarios que podrían producirme terror, pero nada inquietante sucede en mí, sigo en pie y tranquila, sin ninguna aflicción a la vista. 
quiero que la moza mire mis bigotes postizos y me pregunte por ellos así le digo que soy poeta. 
al otro lado de la barra está un profesor de la facultad de letras al que conozco pero nunca me saluda, como yo y aparentemente walter benjamin según las palabras del compilador del libro que me acabo de comprar es un solitario incurable.

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